jueves, mayo 14, 2009

Crónica de un parto anunciado (2ª parte)


En la puerta de aquel quirófano en el que esperaba tumbada sufriendo algunas contracciones de mayor intensidad, apareció un hombre con el pelo cano, de unos 68-70 años de edad (Don Anestesista, le llamaremos por no llamarle otra cosa). Don Anestesista me preguntó cual era mi peso, y yo, resoplando entre contracción y contracción le contesté y al oír mi respuesta se fue farfullando acerca de mi peso, haciendo comentarios cuando menos ofensivos.
Pensé que me daba igual mientras que hiciera bien su trabajo. Le pregunté a la matrona y me dijo que era muy bueno (no sé por que yo ya me temía cual iba a ser el desenlace de aquello). Me incorporaron y me sentaron en el filo de la camilla con la espalda descubierta y en ese momento llegó Don Anestesista que seguía protestando y haciendo comentarios. Noté la aguja de la anestesia local y acto seguido pensé… “ya está, todo ira bien ahora, se acabó el dolor (que ya empezaba a ser intenso)” pero mientras pensaba esto noté como si alguien hurgara en mi columna. Don Anestesista protestaba y pedía el instrumental y seguía intentando encontrar la forma de entrar entre mis vértebras. A todo esto yo me quejaba y soportaba las contracciones mientras él me preguntaba que qué me pasaba y me decía que aquello era un parto y que yo debía saber a qué había venido. La oxitocina ya corría por mis venas desde el gotero y las contracciones empezaban a no darme tregua.
Don Anestesista decidió probar mas abajo, y volvió a clavarme la uña del pulgar entre las vértebras para localizar el sitio, otro pinchazo de anestesia local y nada… pidió más instrumental, probó en otra situación más arriba, más abajo y seguía despotricando. A todo esto yo arqueaba la espalda lo más posible para intentar que aquel hombre encontrara el dichoso canal de entrada mientras la única sujeción que tenía era la de mis propias piernas en las que clavaba mis dedos intentando soportar el dolor. Al cuarto intento la matrona preguntó a Don Anestesista si llamaban a Don Otro Anestesista a lo que él argumentó que para qué lo iban a molestar, que si él no era capaz Don Otro Anestesista tampoco (maldita soberbia, que Dios lo perdone).
Seis veces lo intentó el señor Don Anestesista antes de determinar que era imposible ponerme la anestesia epidural.
Con la espalda rota por los pinchazos empecé a no poder soportar el dolor de mis contracciones. La matrona me dijo que empujara y así lo hice en cada contracción. Bajaron a mi marido al paritorio y no tuve que decirle nada, solo vio mi cara y le dije estoy con oxitocina y sin epidural, él cambió la cara y yo empecé a llorar.
A partir de ahí todo se hace confuso, yo ya no gritaba, bramaba como los animales me agarraba los brazos me mordía, me arañaba… no podía soportarlo más… estaba dilatada ya de seis centímetros, mientras intentaba apretar y mi espalda se me rompía en cada pinchazo que me habían dado. Ya no recuerdo el tiempo que pasó, ni quienes estaban allí conmigo, sólo mi marido, cuando llegó mi ginecólogo sentí un alivio profundo, me confié en sus manos y sólo le dije: “no puedo más”.
No sé que pasó acto seguido, solo recuerdo un trasiego de gente por detrás mía y después el silencio. Cuando desperté no había ya dolor pero la confusión era enorme. Casi no podía articular palabra, no podía abrir los ojos no sabía nada de lo que había pasado. Sentía el circular de las ruedas de la camilla por debajo de mi cuerpo y alguien que empujaba ésta. Sólo pude decir: “¿mi bebe?”… me contestó una voz: “tu bebe está bien” y entonces me dí cuenta de que no sabía si seguía dentro de mi y si aquello había sido solo un desmayo y tenía que seguir pariendo. Volví a preguntar: “¿he parido?”… “Sí” me dijo la voz … cuando fui consciente de que había parido un temor recorrió mi cuerpo: “¿Cesárea?”… “No” me contestó… y ya no pude decir nada más. Dos lágrimas recorrieron mi rostro.
Según mi marido, que estuvo cogiéndome la mano en todo momento, me anestesiaron y mi ginecólogo me hizo la episiotomía y trató de sacar a la niña con ventosa. La niña estaba muy alta y uno de los enfermeros empezó a hacerme una maniobra presionado mi vientre para ayudar a que esta bajara. Tuvo que repetirla tres veces hasta que por fin descendió, por desgracia uno de los anillos de la vagina no había dilatado y se desgarró. Mientras yo me movía aún estando inconsciente, mi ginecólogo le decía a Don Anestesista: “Don Anestesista, yo de anestesia no entiendo pero esta mujer se está moviendo” y Don Anestesista sin mediar palabra me volvía a incrementar la dosis de anestesia.
No me ha querido decir mucho más al respecto pero sí sé que cuando le dijeron que tenía que salir de paritorio cuando ya habían terminado conmigo subió a la habitación donde esperaban mis padres y no pudo contener las lágrimas hasta que vio a su hija en la incubadora.
Ahora me pregunto cómo puedo superar el hecho de no haber visto nacer a mi hija, de no haberla sentido sobre mi vientre para poder olvidar todo el dolor sufrido, de no haberla recibido con todo el amor que tenía guardado para ella.
Agradezco a mi ginecólogo que entendiera que mi sufrimiento había llegado a su límite, que no desistiera en su empeño y que pusiera todo su esfuerzo en que aquello no terminara en cesárea después de todo lo que habíamos luchado por ello.
Agradezco a mi marido el que no me soltara la mano en ningún momento, porque yo sabía que estaba allí dentro de mi sueño, ha sido muy valiente y siento el sufrimiento que aquello pudo haberle causado.
Agradezco a mi hija sus ganas de vivir y su lucha, su vitalidad y su especial forma de devolverme la esperanza en la vida y en sus ojos, en su amor y su inocencia.
Y a todas las personas que no me hicieron fácil el camino, deseo sólo que Dios los perdone porque yo ya los he perdonado. Sé que me será difícil superar este trauma pero no me quitarán el deseo de ser madre y de volver a querer serlo cuando me recupere.
Besos de miel.

3 comentarios:

carmncitta dijo...

qué bestia no? lo de la oxitocina a saco, luego los 6 pinchazos...madre mía, menos mal que al final salió todo bien porque siiiiiiiino....todavía estoy flipando con lo que cuentas!

Alicia (canelona) dijo...

Ahora mismo tengo todos los pelos de punta, madre mía, me duele todo el cuerpo y tengo los ojos en lágrimas. ¡¡lo que sufrís las madres!! Pero lo tuyo...y así como lo has explicado (supongo que la realidad, supera esta redacción) no puedo dejar de pensar, que menos mal que por el premio final, esa hija tan ansiada, todo vale la pena. Y lo que ahora es un mal recuerdo, en poco tiempo ni te acordarás.

Voy a seguir leyendo, que he empezado por la segunda parte...

Lucía dijo...

Estoy embarazada de 10 semanas y estoy flipando con lo de tu parto...bueno, aun estoy llorando como una madalena....hija que horror madre mía...pero que inutiles son los medicos dios mío....

Lo del desgarro tiene arreglo, es decir...puedes mantener relaciones como antes?

Espero que despues de todo estes bien...

Un abrazo fuerte.