Esta noche se me ha ido, me he quedado huérfana en parte, se ha ido un trozo de mi alma.
Sé que no ha sufrido, le invadió un profundo letargo, un sueño letal y fulminante. No desperto de su siesta, no acudió a mi llamada como siempre trotando alegre. Simplemente no acudió. Y me dejó esperando su saludo fiel. Su compañía.
Era el compañero más incondicional, el más desinteresado.
Dios sabe que me salvó de mis tinieblas, cuando quedé ciega y mis labios enmudecieron, él me guió hacia la luz y hacia la risa y hoy ya no podré ver más su sombra buscar mi sombra, ni mi mano caerá descuidada encontrando siempre su cabeza alerta para sostenerla y recibir de mí una sola caricia que agradecer como si fuesen mil.
Hoy se me ha apagado parte de la luz de mis ojos.
Voy a extrañarte tanto Terry, espérame que cuando llegue mi descanso volveremos a pasear juntos de nuevo.
Por siempre.
