Llueve. Ahí fuera llueve. Y no sé que hacer. No es mero aburrimiento, más bien ronda la desesperación. Estoy en el mismo lugar una y otra vez, solo que no sé que hacer. Como una mosca que golpea una y otra vez la luz de la bombilla, yo vuelvo en círculos concéntricos al mismo lugar. Es exacto, automático, y sé que debo salir de esta espiral, saldré,... lo juro... saldré y cuando lo pienso estoy una y otra vez en el mismo lugar.
Llueve. Ahí fuera llueve. Y no sé que frío trepa por encima de mi piel para que no pueda moverme ni un solo milímetro. Detrás de mí un miedo que ya conozco, que a veces he vencido, pero ahora me acecha y me persigue. Me siento pequeña, débil e invisible. Y lo peor de todo es que ahí fuera llueve, llueve a pesar de todo, llueve.

