lunes, julio 30, 2007

Que te vaya bonito...


A veces el pasado me atropella cuando menos me lo espero. Tengo la costumbre de intentar recordar los nombres de las personas que han pasado por mi vida. Como un testigo vital que me han dejado y no sé a quien debo de devolver. Cierto es que no siempre te dejan una huella digna de recordar. Pero yo sigo pensando que todas esas personas que me conocieron, incluso las que me hicieron daño, me fueron labrando poco a poco tal y como soy hoy, y debo admitir que por primera vez en muchos años no estoy del todo a disgusto vistiendo este yo.
Intento recordar nombres, caras, gestos, es algo que me ayuda a ponerme en paz con el pasado. Él me respeta y yo lo recuerdo, eso es todo. Es difícil en algunas épocas, son borrosas y confusas, pero he aprendido que lo que no recuerdas, lo puedes imaginar, como algo que te ayuda a rellenar huecos, ausencias, y que al fin y al cabo nadie tiene derecho a decir qué y qué no paso porque nadie lo vivió como tu. Para alguien que compartió contigo un atardecer, puede ser eso, sólo uno más… sin embargo tú lo recuerdas como el acto más hermoso de tu vida.
Que no te confundan, sólo tú escribes tu vida y sólo tú decides que recuerdos quieres guardar y cómo. Tengo la curiosidad por saber cómo les va la vida ahora, cómo son, cómo viven, a qué se dedican… y me gusta, porque quiere decir que no le guardo rencor, ni siquiera a aquellos que me causaron dolor. Estoy en paz con todos, les deseo de corazón lo mejor. Forman parte de mi vida. Forman parte del yo que soy ahora. Amigos, compañeros, conocidos, mil besos y hasta que la vida nos vuelva a reunir….

domingo, julio 29, 2007

No sé cómo, me reinvento.

Déjame mirar un momento, no hay nada que pueda detener esta fugaz mirada, solo un instante, un revuelo de sol, un solo parpadeo. Busco un remanso de paz tras la explosión de fuerza que me ha hecho llegar aquí. Malherida, moribunda, solo un remanso de paz.
Nunca antes había podido superar barreras hasta hoy inalcanzables. Un instinto desconocido, me empuja de forma brutal a seguir ejerciendo esta fuerza que me hará conseguir mi objetivo, anhelado, olvidado, fracasado en tiempos, y recuperado hoy con un brillo de promesa que se ha inyectado en el corazón de forma dolorosa.
El miedo asalta mi empuje, me desequilibra y me aturde para que cese en mi renovado empeño. Miedo a todo, a nada real, solo miedo a volver al fracaso, al rechazo del objetivo conseguido por no ser tal y como se pinta en mi sueños.
Sinceramente sé que la soledad no es como en el pasado, esta vez me siento acompañada, quizás porque es más fuerte el deseo de estarlo que en otras ocasiones. Hay algo nuevo en este reto, algo que antes no existía, un talud de seguridad que me guía, me dirige, me soporta, me protege. Sé que este es el tiempo, el momento, la ocasión en que triunfaré.
Los sentimientos se arremolinan en el alma y forman un cúmulo que hierve y explota de forma intermitente y aunque la confusión por esto me sacude, sigo de forma intuitiva el camino marcado.
No sería justa si no admitiera que he dado pasos atrás, pasos errados o pasos en falso. Los di y creo que los daré, pero también creo que son necesarios para afianzar mi camino.
Lo único que quiero es poder progresar, de forma rápida o lenta, constante o intermitente, pero necesito saber que no hay camino de vuelta al abismo, que queda tan lejos de mi cuerpo que no podría nunca regresar allí, caer inerte en la oscuridad. Necesito saber que aunque la noche me invada nunca será igual que aquel tiempo en que las cuencas vacías de mis ojos no vieron jamás el inicio de un nuevo día.