
A ver, pregunta, ¿Como hacer que se salga una mosca del tamaño de espinete de tu cuarto?... Mi media langosta me dio varias soluciones:
- Apagar la luz y encender todas las del resto de la casa. Algo que fue infructuoso porque sospecho que la susodicha venía con resacón de escándalo y se ponia a dormir la mona en el momento justo en que le apagamos la luz... por otro lado imposible ver si se ha ido con la luz apagada, así que en el momento de encencer otra vez la tia retomaba su incómodo zumbido....zzzzzzz.... por cierto con el cachondeo de esperar a que la tia se echara la siesta, todas las luces encendidas... verás la factura, verás, verás...
- Echar matamoscas y asesinarla con gas mortífero para los negrossss voladoressss. En este punto le recuerdo a mi langostino que soy alérgica al "gas mortífero" y que si lo que quieres es matarme a mí y quedarse amancebado con la mosca....zzzzzzzzzz
- Utilizar el matamoscas universal o también llamado paño de cocina. Véase a mi langosta en mitad de la habitación blandiendo trapo cual caballero andante hasta que se puso a menearlo intentando darle muerte al díptero en cuestión. Resultado: de caballero andante a bailarín de Locomía, a estas alturas la tía se descojona de nosotos y se le entrecorta el zumbido por las carcajadas zzzzpjaaja... zzzpzzppzzjajajzzz....
- La única solución posible la aporté yo al conflicto y fué, por supuesto, la más efectiva: Le cerramos las vias de escape a la susodicha, me senté en mi silla y empecé a recitarle el tema que me estaba estudiando de Bases Psicológicas de la Educación Especial. Su zumbido se fué alterando de forma significativa zzzzzz, zzzzzz, zzzzz en ese momento buscaba rendijas, ranuras, creo que intentó taparse las orejas con las patitas pero..... no encontró orejas... así que yo implacable seguí hablando y hablando de la Era de la Institucionalización blabla bla bla bla... cuando al cabo del rato escuché un POMMMM... y encontré su cadaver junto a mis apuntes, tenía los ojitos vueltos del estresss...
Así que se fué, dejó este mundo, dejó de zumbar y de meterse en habitaciones ajenas y dejó una asquerosa mancha en la hoja del tema 2 que no me pienso estudiar pues me recuerda el suceso y el tiempo perdido con la maldita mosca....
LAS MOSCAS
Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡ Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
-que todo es volar-, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
A. Machado.





































Del Barça o del Madrid, del PSOE o del PP, de ciencias o de letras, de la COPE o de la SER, creyente o ateo, es curioso que para tener identidad social en este país necesite uno llenarse de etiquetas definidoras para cardarle la lana al líder de turno. Que sucederá si me niego a tomar partido, que sucederá si asisto escéptica al combate partidista de nuestra sociedad.