LA BÓVEDA CELESTE
Empujó suavemente la puerta de la sala abovedada y sus pasos se hundieron en la fina arena blanca que cubría el suelo de la estancia. Todo yacía en penumbra, en una penumbra azul y silenciosa tan conocida que no importaba que no hubiera ni un solo rayo de luz para iluminar su camino por aquel espacio infinito que se recogía en la misteriosa sala.
El techo formaba una cúpula con pequeños puntos de luz casi imperceptibles sobre el fondo azul negro de la noche. Al fondo de la habitación, escondido, un instrumento, un galaxífono. Una pequeña manivela dorada tallada en su empuñadura con hermosos dibujos espirales enclavada en un mástil de madera de abedul blanco del Bosque Perdido, tallado también sin duda por las manos de uno de los artistas del Reino.
Aneralia avanzó pausadamente hacia él, recordó la sensación que produce la paz que emana el sonido del instrumento, recordó que era capaz de iluminar con su música cualquier rincón sombrío del reino interior de la princesa.
Apoyó su mano con delicadeza sobre la pieza dorada de la manivela e inició un movimiento dulce y rítmico a una velocidad extremadamente lenta.
Paulatinamente los diminutos puntos de luz fueron ganando intensidad, fueron creciendo hasta hacerse estrellas fulgurantes y las paredes de la bóveda fueron volviéndose traslucidas conservando el mismo azul que antes pero con la amplitud del cielo de la noche del Reino. Las notas se sucedían en una melodía deliciosa, reposada y fugaz.
Sus ojos ahora veían cielo abierto observando las estrellas que ella misma había encendido y una paz tibia y calma inundó su cuerpo a través de su piel y sus sentidos.
Abandonó su puesto junto al galaxífono y se sentó en la arena con el recuerdo de la música en sus oídos. Se perdió en la profundidad celeste mientras que poco a poco las paredes de la bóveda volvían a tomar consistencia y el fulgor de las estrellas se atenuaba como si recorriesen distantes miles de millones de kilómetros alejándose de ella.
La penumbra azul se restableció y sintió un calor aletargado que le indujo al sueño, entonces sonrió feliz porque había recordado que también ella era capaz a veces de encender las estrellas de su cuerpo.

5 comentarios:
Precioso, no te puedo decir más.
Me he visto yo mismo bajo esa bóveda, y la música le iba genial.
en serio, muy bonito.
un beso
Qué arte Ane, ya te lo dije. Me encantó. Es... como muy mágico... Le va genial a la música y lo que más me ha llamado la atención es que, hasta el momento, eres la única que ha pensado en un relato de ciencia ficción.
Un besito. Me ha gustado mucho. Menos mal que no estabas inspirada, que si no...
Hola Aneralia,
la verdad es que la canción te ha inpirado, no cabe duda :).
Creo que has sabido jugar muy bien con los diferentes ritmos. Al principio, por ejemplo, dando un poco de misterio a lo que ibas a encontrar al cruzar la puerta, y luego, poco a poco, has ido desvelando algunos sabores mágicos de la estancia.
La verdad es que me ha relajado leerte, y más de noche :).
Un beso. Que pases un buen finde.
Me ha gustado mucho, pero.. ¿para cuando la reaparición del personaje principal y más interesante con sus lobos, su bosque, su mala leche...?
Sobre todo mala leche... y de personaje principal nada de nada.. sé quien eres y donde vives...estas advertido...jajaja
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