Cuando me acerqué al acantilado, un aire gélido me adormeció la cara, anochecía frente a la costa y el cielo se matizaba en colores violetas y anaranjados. El sol se despedía en su ocaso, semisumergido en las frías aguas del Cantábrico, mostraba en su tez dorados y rojos como el final de una hoguera tras el largo día de trabajo.El mar embravecido, golpeaba las rocas que impasibles soportaban sus embistes y lo transformaban en espuma blanca y salada sobre el pardo cuerpo de la piedra. Ante esta lucha, las rocas desnudas horadadas por su fuerza, parecen sorprendentemente calladas y firmes, en su estallido de indiferencia, tal y como en una pelea de amantes.
Rodeada de silencio empecé a pensar que era tal y como tú y yo nos habíamos despedido. Él tiene el color de tus ojos, azul profundo, casi grisáceo, y su furia me recuerda a la tuya aquel día, sus olas intentan acariciarla con cierto grado de violencia demandando en cierto modo algo que no podía darte, y yo, aletargada como ella no fui capaz de responder con igual pasión a tus reproches.
Entre toda esta marea algo me hizo salir de mi recuerdo, allí sobre la espuma que vestía las rocas, se alzaba impetuoso un edificio, un viejo faro olvidado.
Parecía una edificación sencilla, sin grandes ambiciones, líneas simples que albergaban la función vital de marcar el rumbo de aquellos que han perdido el norte en algún término. Desde sus pies verdecidos por las algas transmite una seguridad extrema justo al borde del abismo.
En su cuerpo, grandes bloques desgastados, apilados simétricamente, torneaban su figura grisácea, en tiempos blanca, como una mujer que ha ido perdiendo su belleza por el paso del tiempo.
En su cumbre un gran ojo de cristal, brillante luz que me atrajo y a su vez me transmitió una ola de calma, un calor interno desde su luz blanquecina. Los hierros oxidados que delimitan sus cristales no son más que pausas en esta calma que llena el vacío de luz.
Desde aquel día vivo de otra manera en mi desorientación y cuando me inquieta de sobremanera cierro los ojos y me hallo allí frente aquel faro, llena de luz, y así vuelvo a retomar mi rumbo, el rumbo que me lleve de nuevo a ti.
Aneralia
5 comentarios:
Vaya, no sabía que escribieras y sobre todo que sintieras así de bonito..
Un saludo ;)
No fastidies, ¿esto lo has escrito tú?. Es precioso, Aneralia. Un besito.
gracias chicas por vuestro apoyo.. por ahora mis unicas "lectoras" jeje os iré escribiendo otras cosillas.. ah por cierto el dibujo es una chapucilla con el paint.. a veces me posee la vena parvularia.. jaja...
buenas tardes, estrella del reino: he vistado tu casa ya antes pero no tenía tiempo para quedarme un rato,asi que no te avisé. La primera vez vi las joyas y la segunda busqué las piedrecillas de los rincones. Luego, salí y me quedé con el regusto quien ha encontrado un tesoro.
Te escribo desde el faro porque es mi lugar favorito. De pequeña quería vivir en uno y el destino me trajo a la casa en la que vivo. Ahora te escribo desde arriba. Hoy sobre el mar de sábanas se adivina el sol que atardece detrás de un gran barco de nube y tal vez también sea tu mismo atardecer.Te echo de menos.
Gracias, bucanera de bandera blanca, por hacer señales de luz e invitarme a tu reino. Gracias por compartir tus tesoros.
Voy adejarte uno de los míos: busca a ludovico einaudi.
Un abrazo
¿Sabes? Yo este verano durante muchos días fui a correr hasta llegar al faro de mi ciudad, algo alejado del ruido de los coches. Allí cerraba los ojos y escuchaba en silencio mientras descansaba. Cuando volvía a casa sentía que lo hacía renovado. Por cierto ¿te has parado a observar la fauna que habita cerca de los faros?
Un beso y felicidades por el don que tienes.
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